miércoles, 30 de abril de 2008

Demasiados Kilómetros

Rosa y yo siempre pasamos la nochebuena en casa de sus padres. Desde hace once años el veintitrés de Diciembre recorremos en coche ciento veinte kilómetros de autovía y otros sesenta de carretera secundaria mal pavimentada para celebrar la Navidad en compañía de mis suegros.

La línea discontinua desfila a través del parabrisas del viejo Mercedes mientras pienso en que Rosa siempre ha estado muy unida a sus padres y me doy cuenta de que, hasta hace bien poco, no me irritaba pensar en ello. Ella, claro, no se da cuenta. Está sentada en el asiento de al lado, enfrascada en la lectura de un catálogo de venta por correo. Viajamos en silencio, arrullados por el sonido de las ruedas deslizándose sobre el asfalto húmedo y el ronroneo quejumbroso del motor del Mercedes. Los asientos de cuero y el salpicadero de madera pulida son, casi 300.000 kilómetros después, el último vestigio de tiempos mejores.



Acabamos de tomar el desvío en la autovía cuando el motor empieza a emitir un sonido metálico como si los comensales de un banquete hiciesen chocar sus cubiertos. Rosa levanta la vista del catálogo y me mira con los ojos muy abiertos. Es la primera vez que nuestras miradas se cruzan desde que salimos de Madrid pero no dura mucho. Yo me encojo de hombros y ella vuelve a las fantásticas ofertas de panties de licra, faldas plisadas y ropa interior de encaje.

Unos cuantos kilómetros después el coche traquetea durante un instante antes de detenerse bruscamente. Rosa cierra definitvamente el catálogo y me mira con gesto reprobatorio; al parecer también tengo que cargar con la culpa de que no podamos comprar un coche nuevo. Entonces abre la boca, probablemente para dirigirme algún reproche, pero se lo piensa mejor y no dice nada. Aunque a mí, la verdad, ya no me ofenden sus miradas ni nada de lo que pueda decirme.

Sin cruzar ni una palabra, me apeo del coche y abro el capó. Lo que realmente quiero es estar solo así que me tomo mi tiempo para examinar el motor aún a sabiendas de que no sería capaz de encontrar la varilla del aceite. De pronto se me ocurre que quizá alguna fuerza milagrosa acuda en mi ayuda aportándome conocimientos de mecánica en un abrir y cerrar de ojos. Nunca se sabe pero, dadas las circunstancias, me vendría mucho mejor un poco de luz en cuestiones mas elevadas como las relaciones de pareja y la regeneración de los sentimientos. Saco el móvil del bolsillo y después de llamar al taller de un pueblo cercano, decido esperar a la grúa junto al capó abierto. Rosa ha sintonizado la radio y la voz del locutor me llega amortiguada desde el interior del coche mientras fumo un cigarrillo tras otro.

El conductor de la grúa no necesita ningún milagro para emitir el primer veredicto:

- No tiene buena pinta.

Nada que Rosa y yo no supiéramos.

Camino del taller, los tres apretujados en la estrecha cabina de la grúa, Rosa hace averiguaciones sobre los posibles medios de transporte para llegar a casa de sus padres. Cuando llegamos al taller y sin haber cruzado una sola palabra, hemos alcanzado un acuerdo.

Mientras la veo alejarse camino de la parada del autobús, siento un alivio profundo y decido premiarme con una cerveza en un bar cercano. Casi una hora después el mecánico ha conseguido resolver el problema, así que le pago y escucho el diagnóstico sentado al volante del Mercedes con el motor en marcha.

- Le he hecho un apaño que, de momento, le vale, pero no sé cuanto aguantará. Está en las últimas.

Cuando alcanzo la salida del pueblo he tenido tiempo más que suficiente para tomar una decisión y sentirme invadido por la resignación, la tristeza y una incertidumbre nada desagradable. Es una decisión tan firme como razonable pero, rumbo a Madrid, no puedo evitar seguir justificándome: "En estos casos lo mejor es no prolongra la agonía".

4 comentarios:

saimon dijo...

Recuerdo este relato, y otros muchos que tenías por ahí también muy buenos. Deja de hacerte el interesante y ve incluyéndolos.

Jose Noguera dijo...

Hola Saimon. Me alegro de que te guste y eso será lo que haré,ir incluyéndolos poco a poco en el blog. A ver si nos vemos y me cuentas que tal te ha ido en Noteojambia, aunque ya me ha adelantado algo Yorch.

Anónimo dijo...

Jose, que bien que empieces a colgar relatos tuyos. Este me gusta mucho. Ya sabes que he leído poco de tu obra.
Nos vemos luego.

Jose Noguera dijo...

Muchas gracias Elenita. Me alegro de que te guste, aunque me parece un poco atrevido hablar de "mi obra" a no ser que lo hagas entre comillas. Solo tengo unos 8 o 9 relatos acabados. Ya los iré publicando poco a poco.